El principal factor detrás de la caída actual no es una pérdida de confianza en el rey de los metales preciosos, sino una acuciante necesidad de efectivo en las economías emergentes. Adrian Ash, de BullionVault, describió este fenómeno acertadamente: «Compraste oro por si había una crisis. Ahora la crisis ha llegado». El oro se ha convertido así en un activo líquido en manos de los bancos centrales, que los Estados utilizan para financiar la defensa, cubrir el aumento de los precios de la energía o proteger sus monedas debilitadas. Esta tendencia es más visible precisamente en los países que se encuentran bajo mayor presión geopolítica y económica. Shaokai Fan, del World Gold Council, destaca que la capacidad de los bancos para vender oro precisamente en momentos de tensión confirma su verdadero valor: es un activo altamente líquido que puede monetizarse de inmediato cuando fallan otras fuentes.
El caso de Turquía y la lucha por la estabilidad en los mercados emergentes
El vendedor más importante en lo que va de año es Turquía, cuyas reservas oficiales de oro se redujeron en nada menos que 131 toneladas solo en marzo. El banco central turco recurrió tanto a ventas directas como a swaps, con un único objetivo: estabilizar la lira, que se ha debilitado frente al dólar en casi un 1,7 % desde el inicio del conflicto con Irán.* Rusia está reaccionando de manera similar al reducir sus reservas para financiar déficits presupuestarios, al igual que Ghana, que busca liquidez en divisas. Incluso Polonia, que fue el mayor comprador de oro en los dos años anteriores, ha comenzado a considerar la posibilidad de monetizar parte de sus reservas como parte del gasto en defensa. Para los países dependientes de las importaciones de petróleo, cuyos precios suponen una carga para su balanza de pagos, el oro se ha convertido una vez más en una herramienta de gestión de riesgos muy eficaz.
Una Fed agresiva y los rendimientos de los bonos
Además de las ventas masivas por parte de los bancos centrales, este metal precioso también se enfrenta a factores macroeconómicos implacables en EE. UU. La postura restrictiva de la Reserva Federal de EE. UU. y el aumento de los rendimientos de los bonos del Estado estadounidense están creando un entorno en el que el oro, como activo que no genera intereses, está perdiendo parte de su atractivo. Los datos de Natixis indican que, mientras que entre 2022 y 2024 los bancos centrales compraron una cifra récord de mil toneladas al año, en 2025 esta demanda cayó a 863 toneladas debido a una volatilidad sin precedentes.
En busca de oportunidades
Sin embargo, a pesar de la corrección actual, no hay motivo para el pánico, sino más bien para la vigilancia estratégica. La corrección actual puede ser solo una interesante oportunidad de compra a un precio más favorable, especialmente teniendo en cuenta que en las perspectivas para 2026 se espera un mayor crecimiento del precio del oro incluso en la segunda mitad del año. [1] La situación actual nos enseña que este metal amarillo no es solo un refugio seguro y un activo estático, sino una herramienta activa de política monetaria y de defensa. En conclusión, es importante destacar el hecho de que el oro no está siendo vendido actualmente por un mercado que no cree en él, sino por un mercado que lo necesita para gestionar los crecientes riesgos derivados de la geopolítica.
*El rendimiento pasado no es garantía de resultados futuros
[1] Las declaraciones prospectivas se basan en supuestos y expectativas actuales, que pueden ser inexactos, o en el entorno económico actual, que puede cambiar. Dichas declaraciones no constituyen una garantía de resultados futuros. Implican riesgos y otras incertidumbres que son difíciles de predecir. Los resultados pueden diferir sustancialmente de los expresados o implícitos en cualquier declaración prospectiva.